Quienes vivimos en Bariloche, probablemente sepamos que existe una plaza llamada Catalina Reynal en el cerro Catedral, frente al Shopping Las Terrazas (ver figura), o incluso que la escuela de ski del Club Argentino de Ski (CAS), tiene este nombre.
¿Pero cuáles son los orígenes de esta distinción?
De la memoria del CAS del año 1943, se extrae:
"Por iniciativa de la señorita Catalina Reynal de Buenos Aires, se ha iniciado este invierno en Bariloche un curso de Ski Infantil. El curso ha sido dedicado a los niños pobres de la localidad y fue equipado por la misma señorita Reynal. Doce niños participaron en esta primera Escuela Infantil, dirigida por el profesional don Antonio de Pellegrin. El resultado de este curso ha sido muy satisfactorio y su director nos ha manifestado que para la próxima temporada piensa aumentar el número de becas"
La señorita Catalina Reynal venía regularmente en los inviernos de Bariloche con su sobrina a esquiar. Corría el invierno de 1942 y era una de las alumnas de la Escuela Argentina de Ski a cargo del gran esquiador y profesor Antonio de Pellegrin. Es muy sabroso el relato del mismo profesor Antonio de Pellegrin que se encuentra en el libro "Historia del Ski en Bariloche" de la profesora Schaltzi Bachmann, parte del cual reproduzco a continuación.
"Un día faltó a clase, era muy raro en ella porque era muy disciplinada, una mujer extraordinaria en todo el sentido de la palabra.
Al preguntar por ella me informaron que había salido a pintar. Cuando regresaba, pasó por la clase y me dijo: -Antonio, tengo que hablar con usted, venga a almorzar conmigo al hotel así podemos conversar-
Durante el almuerzo ella me comenta:
-"Hoy salí a pintar y vi a unos chicos de 10 – 12 años que se estaban deslizando con unas tablas de barriles, de esos en los que viene el vino, atados con tientos. Los llamé y les pregunté ¿cómo pueden esquiar así? Ellos dijeron: -"Tratamos de esquiar así, es muy difícil, pero nuestros padres no tienen dinero para comprarnos esquíes verdaderos" - Mira, Antonio yo quiero hacer algo para estos chicos. Sugiérame alguna idea, algo vamos a hacer. Antonio de Pellegrin entonces le contesta:
"Bien señorita, Ud tiene dos caminos: 1) que le compre un equipo a cada uno, 2) que también les de enseñanza"
-Eso me parece muy bien-, contesta Catalina Reynal. –Vaya pensando cómo podemos organizarnos porque me gustaría fundar una escuelita para chicos no pudientes.-Antonio de Pellegrin, prosigue con su relato:
"Como en Bariloche no había nada, ni equipos, esquíes o botas, viajé a Buenos Aires y en la casa Chinche que tenía de todo, compré tela impermeable para hacer las camperas, y gabardina para hacer los pantalones. Los botines los hizo un zapatero que hacía botines para los militares. Después de preguntarme como debían ser, yo le respondí: livianos, y sencillos. Me hizo 12 pares de diferentes números. Los pulóveres y gorros fueron tejidos en Bariloche. Así armamos el equipamiento y en el invierno de 1943 dio inicio el Curso de Ski de la escuela Catalina Reynal. Los primeros 12 alumnos fueron:
Antonio de Pellegrin, luego prosigue:
La señorita Catalina Reynal vino en el invierno a ver a sus alumnos y se entusiasmó tanto que me dijo: -el año que viene quiero que haya 20 alumnos, prepárese.
Al año siguiente fueron 20 y en 1945 llegaron a ser 30.
Las clases de esta escuela no funcionaban como las de hoy en día pues los chicos no se iban todos los días a sus casas. Un camión de Parques Nacionales nos llevaba al cerro los lunes y los sábados nos traía al pueblo.
Habíamos conseguido de Parques Nacionales un galpón que era de la empresa Christian Nielsen. Estaba ubicado en la base y servía para guardar materiales durante la construcción del cable carril. El que nos dieron era grande, con varias habitaciones a las que les colocamos un total de 30 camas, que era la cantidad de chicos que teníamos.
Los chicos vivían de lunes a sábado en el cerro y el sábado por la tarde se iban a sus casas y volvían el lunes. En ese entonces las clases de las escuelas eran durante el período septiembre–mayo, así que todo el invierno era de vacaciones.
Se desayunaba y se salía a esquiar, se volvía a almorzar y luego se descansaba hasta que comenzaban las clases de la tarde hasta las 17 horas. A la hora del té y con la ayuda de un pizarrón, el profesor les explicaba a los alumnos sus errores. Por éstas clases teóricas los chicos aprendieron mucho. Después tenían tiempo de esparcimiento hasta la cena.
Había mucha disciplina, de otra manera no podía ser ya que la convivencia durante toda una semana con 30 chicos era difícil. Pero no tuvimos problemas con ellos". Este interesante relato continúa en el libro de Schaltzi Bachmann, pero creo que este extracto sirve para dimensionar el grado de calidad humana de la señorita Catalina Reynal.
En esta escuela dirigida a posibilitar el deporte a niños de escasos recursos, se formó la mayoría de los grandes competidores y profesionales del esquí argentino entre 1945 Y 1965. Funcionó durante 10 años, finalizando con 40 alumnos anuales entre los cuales se contaban 4 niños de Bolivia.
Catalina Reynal patrocinó además en 1946, el traslado de una delegación local al campeonato mundial de Ski en Saint Moritz, Francia.
A mí me pareció una narración altamente refrescante frente a tanta exaltación por lo material proliferando hoy en día a nuestro alrededor ¿No les parece interesante para tratar de emular en la medida de lo que cada uno pueda?
Fuentes:
Historia del Esqui en Bariloche, Schaltzi Bachmann, Esegé, 2000
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