![[image]](http://www.aprehender.net/BlogPub/portada.png)
La mayoría de las personas coincidimos en que la educación pública es una política de estado que devuelve con creces la inversión, mejorando la salud, la seguridad, el nivel socioeconómico de sus habitantes y destruyendo lacras sociales como el clientelismo. También coincidimos en general acerca de que su presente desprestigio en la mayoría de los países de Latinoamérica ha llegado a niveles vergonzantes. Sin embargo todas estas conjunciones del pensamiento se diluyen al tratar las causas que provocan esta situación.
Si tomamos como ejemplo a la República Argentina, observamos que alrededor del primer centenario de su nacimiento, el país salía de la barbarie y se encontraba firmemente en la línea de la civilización. De hecho se había constituido en la octava economía del mundo, por encima de Canadá, Australia y de la mayoría de los países europeos. A este salto cualitativo contribuyó sin duda y en forma no despreciable la educación pública, consiguiendo aunar equidad con calidad, en un escenario compuesto por la más heterogénea composición de estratos socioeconómicos, por cierto bastante más marcada que la actual.
Casi un siglo después, en vísperas del segundo centenario el país se está acercando nuevamente a la barbarie. En la Argentina actual y a pesar de mantener sus enormes riquezas naturales, instituciones públicas como la salud, la seguridad y la educación brillan por su ausencia, y en particular la educación pública se ha caracterizado por un fraude manifiesto hacia sus alumnos. Tal pobreza en los niveles de calidad y equidad educativa, los cuales se generalizan a la mayoría de los países de la región, podrá ser verificada objetivamente con datos incontrastables, en la primera sección de este libro.
¿Cuál ha sido la causa de semejante involución? No son pocos quienes atribuyen esta calamidad casi por entero a las desigualdades sociales y a la insuficiencia de los insumos. Dejando de lado la irritación que produce el apreciar que algunas de esas voces provienen de personas con responsabilidades dirigenciales o políticas, las preguntas que correspondería hacernos son:
¿Es posible diseñar una escuela que contenga social y económicamente a todos sus alumnos y que simultáneamente entregue una educación de excelencia?
¿Cómo fue que lo hicieron por ejemplo los docentes argentinos de principios del siglo XX?
La educación en Latinoamérica está enferma y la gravedad de la misma es ciertamente extrema pues conforma, nos guste o no, un modelo de comportamiento que crea un círculo vicioso, al realimentarse y reproducirse en los alumnos.
El objetivo de este libro es dual. Sin dejar de expresar el reconocimiento que se les debe a los miles de docentes que entregan diariamente su desinteresada vocación en la construcción de una sociedad mejor, intentaré desenmascarar la mezcla de incapacidad y falta de valores que exhibe otra parte de ese mismo cuerpo docente. Esta realidad presenta además el agravante de una sociedad que acepta con una sorprendente naturalidad el enfoque habitual proveniente de los medios educativos, para quienes, casi toda mediocre actuación académica de los alumnos encuentra su justificación en factores externos al componente humano de la escuela. Lo concreto es que este escenario, admitido por muchos docentes con quienes he compartido parte de mi larga experiencia al frente de un aula, lamentablemente no consigue exteriorizarse y mucho menos conformar una masa crítica capaz de forzar un cambio, el cual a estas alturas resulta impostergable. .