|
Robinson Crusoe
![[image]](RC.gif)
Este libro clásico de aventuras escrito por el periodista británico Daniel Defoe en 1719 cuando tenía 60 años, es señalado como el segundo libro más leído luego de La Biblia. Defoe se inspiró en la vida de un marino escocés llamado Alexander Selkirk quien en 1704 tras negarse a continuar el viaje de regreso a Londres, es abandonado por sus compañeros corsarios en una isla del Pacífico (que pertenece a un archipiélago de tres islas frente a Valparaiso, Chile a unos 700 km del continente). En esta isla que hoy se llama Robinson Crusoe, se vio forzado a sobrevivir durante cuatro años.
Sin embargo la pasó mejor que sus ex compañeros pues su barco se terminó hundiendo en el Cabo de Hornos, al sur de la Argentina. Al regreso a Londres, Alexander Selkirk cuenta a Daniel Defoe su relato, aparentemente en forma personal.
Parte del secreto del éxito del libro se relaciona con dos particularidades que paso a relatar.
1) Aprecié la primera de ellas en mi niñez luego de haber recibido este libro como regalo. Recuerdo que su lectura transportó vívidamente mi imaginación con un relato tan meticuloso como emocionante. Robinson Crusoe me hizo partícipe de sus aventuras y desventuras al arribar a una isla desierta como único sobreviviente de un naufragio.
Cada renglón de sus páginas es insustituible y literalmente transporta al lector a la misma isla.
¿Qué comer? ¿Dónde dormir? ¿Cómo protegerse del clima
y de los animales? ¿Cómo evitar las enfermedades? ¿Cómo sobrellevar la soledad? ¿Cómo afrontar la libertad absoluta? ¿Cómo auto imponerse los propios límites?
Todas estas preguntas y desafíos son planteados, meditados y resueltos por Robinson Crusoe a lo largo de su relato, utilizando un lenguaje ameno, atractivo, fascinante, con muchas elipsis y realizado siempre en primera
persona. Todo esto conduce al lector a "vivir" las experiencias de
Robinson Crusoe como si fueran propias.
2) Con el paso de los años aparece en mi camino una segunda circunstancia que me condujo a la necesidad de una nueva y distinta lectura, debajo de la superficie de la trama de la aventura. Esto sucedió en la escuela secundaria al finalizar mi adolescencia, cuando mi profesor de "Principios de la Economía" utilizó el libro como ejemplo magistral de la aplicación de las leyes económicas
¿No es fantástico?
Este aprendizaje fue tan significativo que llevo en la sangre aquellas ideas transmitidas, quizá en forma poco convencional, por
mi profesor.
Hace unas pocas semanas sentí la necesidad de releerlo cuando un periodista económico de la televisión española, utilizó nuevamente (y ante mi expectante sorpresa) el contenido del libro para explicar algunas de las desventuras económicas de la Argentina. Esta situación actuó como catalizador para que realizara una renovada lectura, que disfruté nuevamente.
Por si alguno de ustedes se siente atraído por esta sugerente vinculación de un libro de aventuras con aspectos más profundos vinculados con principios económicos, comento brevemente algunos de ellos (Rothbard, 1962, "Man, Economy and State" libro que probablemente haya sido la fuente de inspiración de mi
recordado y apreciado profesor).
Principio fundamental de la Economía Política.
"El hombre procura satisfacer sus deseos con el menor esfuerzo".
Al recorrer el relato se encontrarán muchos pasajes en los que
Robinson Crusoe trata de administrar y optimizar sus limitadas energías.
Los factores de producción de riqueza
En toda economía existen 3 factores de producción: 1 Tierra, 2 Trabajo, 3 Capital.
Estos factores se presentan en el orden anterior: la Tierra y el Trabajo son factores necesarios y originales, en cambio el Capital es un factor derivado de los otros dos.
1 Tierra. En Economía Política, significa el elemento pasivo de la producción (sobre el que se actúa).
En los primeros capítulos, Robinson
Crusoe utiliza para su subsistencia y protección los elementos naturales que le
provee la isla y muchas
cosas útiles que
extrae de
su
barco, ya sin tripulación, que
el mar
arrastró
casi
hasta la
playa.
2 Trabajo. Es el nombre económico del esfuerzo, sea mental o manual, es el factor activo.
El relato de Robinson Crusoe se encuentra plagado de situaciones que muestran la potencialidad de estos dos factores en conjunción.
3 Capital. El Capital es la riqueza aplicada o empleo de la riqueza. Es por lo tanto un factor secundario y subsidiario, nunca iniciador (los iniciadores son los otros dos).
En el caso de que el Capital exista, realimenta positivamente a los anteriores, produciendo más riqueza.
Es interesante contrastar este concepto de multiplicación del capital, con la
acción confiscatoria y regresiva que el estado argentino realiza al componente más pujante de nuestra economía: el campo.
En la isla desierta el dinero no existe y si existiera, no sirve, pero Robinson Crusoe se da cuenta de la conveniencia de crear herramientas (bien de capital que sirve para construir otros bienes), las cuales le permitirán disminuir significativamente su tiempo de trabajo y por lo tanto aumentar su productividad. Toma entonces la decisión económica de restar tiempo a sus horas de descanso y
también de ahorrar alimentos, para utilizar ese tiempo en construir herramientas.
En otras palabras se capitaliza.
Piense el lector que si no fuera por los bienes de capital a nuestro alcance, ni yo hubiera tenido tiempo para escribir este comentario, ni usted hubiera tenido tiempo para leerlo, todos estaríamos buscando comida, como hace Robinson Crusoe al comienzo del libro.
Los modos de producción de riqueza
A través de los modos de acción es como se realiza el progreso humano. Son
básicamente tres:
1 Transformar (lo que existe), 2 Crear (vida), 3 Intercambiar (una cosa por otra).
Si se desea generar riqueza Creando o Intercambiando, resulta imprescindible
tener Capital.
1
Transformar
Robinson Crusoe Transforma
cosas en forma permanente a lo largo del libro (cabaña, bote, redes, velas, ropa, mesa, silla, etc.).
2 Crear
Robinson Crusoe Crea vida en un pasaje específico de su narración que no comentaré aquí para que sea descubierto en la lectura del libro.
3 Intercambiar
Robinson Crusoe está imposibilitado de Intercambiar cosas y de comerciar en la isla desierta hasta la aparición de un nativo al que llama
Viernes con quien comienza un intercambio de habilidades mutuas. Recuerdo que una de
las actividades escolares indicadas por mi profesor, era la identificación de los bienes y servicios que intercambiaban estos dos personajes
y la presentación posterior de nuestros hallazgos en un formato de tabla de
doble entrada.
Actualmente nuestro país presenta en su relación de intercambio comercial con el mundo, una semejanza inquietante con el Robinson Crusoe en soledad.
Sea por la descripción entretenida de sus aventuras o por sus enseñanzas no literarias, es un libro fascinante.
Una lectura atenta pone en contacto al lector con aspectos relacionados con la religión (Robinson Crusoe es protestante), la economía
(como ya fue mencionado), la política
(se puede apreciar una interesante sátira a la sociedad en la que vivía) e incluso con la ciencia y la matemática. En alguna de estas áreas ha también recibido críticas, pero por algo el filósofo Jean Jacques Rousseau (1712 – 1778) exhortaba entusiastamente
a su lectura.
En mi opinión es de aquellos libros que se leen y se releen más de un par de veces a lo largo de la vida
pues siempre se encuentran nuevas vetas.
Docenas de adaptaciones del libro fueron llevadas al cine a lo largo del tiempo. Cito solo dos versiones antiguas protagonizadas por Dan O'Herlihy (1954) y por Paul Mantee (1964, Robinson Crusoe en Marte). Otras dos más recientes han sido proyectadas por la tele en los últimos meses, una protagonizada por Pierce Brosnan (1996) y la otra por Tom Hanks (2000)
con el nombre de "El Naufrago".
Recomendación: *****
|